La poesía de José Herrera Petere

Petere poeta

El poeta José Herrera Petere

José Herrera Petere, quien escribió la novela Acero de Madrid, que ganó el Premio Nacional de Literatura de narrativa en 1938, era poeta. Ya durante la República habían aparecido sus poemas en revistas como La gaceta literaria, Octubre, Cruz y raya o Noroeste.
Pero fue al llegar la Guerra Civil cuando su producción aumentó, pues pretendía poner su arte al servicio de su causa. De esta forma, aparecieron en 1936 sus Poesías de la Guerra Civil (ed. del Quinto Regimiento), donde abordaba el tema directamente para que pudiera ser leído en las trincheras. Por eso su poética se caracteriza por un lenguaje y una técnica sencillos, usando composiciones como los romances y las coplas, y una gran carga política para que llegase a todos los soldados.

CUATRO BATALLONES

Hombres de Madrid: oídme
los hombres de pelo en pecho,
albañiles, tranviarios,
metalúrgicos, canteros,
comerciantes y empleados…
¡Habla el Quinto Regimiento!
Hombres de Madrid: escuchadme,
que vuestro oído esté atento,
que ni una mosca se mueva,
tened los ojos abiertos,
aquel y el otro, acercaros;
para irse no hay pretexto,
no hay prisa, novia, ni cine…
¡Habla el Quinto Regimiento!

El de la Victoria y Thaelmann,
el Regimiento de Acero,
el de Líster y Galán,
el de García y Modesto.

Por vosotros vengo, amigos;
por vuestro bien, compañeros.
Póngase falda el cobarde,
que el neutral se chupe el dedo.
¡Adelante, a la batalla!:
Habla el Quinto Regimiento.
Que los moros mercenarios,
los chulos de tal del Tercio,
los señoritos parásitos
y los curas y banqueros,
no se metan en Madrid
a tiranizar al pueblo.

Para esto os llamo, españoles.
¡Habla el Quinto Regimiento!

Cuatro batallones rojos organizados tenemos.

El de «Leningrado» es uno,
en memoria de aquel pueblo
que exterminó a los cosacos
de Yudenicht como a perros,
y hoy vive feliz y libre
sin burgueses ni usureros.

El de «La Comuna» es otro,
de París, heroico pueblo
de manos encallecidas
que se sublevó el primero.
Viene luego el de «Cronstadt»,
los muy bravos marineros
que a Petrogrado salvaron
hace diecinueve inviernos.

Y el de «Madrid», finalmente.
Madrid, el Madrid que es nuestro,
cuna del antifascismo
de España y del mundo entero.

Para esto os llamo, españoles,
a combatir cuerpo a cuerpo
para aplastar al fascismo.
¡No venga ningún enfermo,
débiles, viejos o niños;
hombres sanos solo quiero,
seguros por sus ideas
y para las armas diestros!

Alistaos, trabajadores,
sangre de sangre de hierro
en los rojos batallones
del Regimiento de Acero,
por vuestro pan y salario,
por el pueblo madrileño,
por vuestras mujeres e hijos.
¡Viva el Quinto Regimiento!

(Romancero General de la Guerra Española)

En este poema, al igual que otros como «Quinto Regimiento», aquel que empieza: «¡Lava de Madrid que corre, / lava por barrios enteros; / lava de Madrid que vuela, / lava por campos y cerros / que al Guadarrama se llega / por los caminos ardiendo / donde la negra culebra / del fascismo silba al viento; / lava que, líquida, corre / ha de trocarse en acero, / que el Partido Comunista / cuando en julio ardía el pueblo / para vencer al fascismo / fundó el Quinto Regimiento», conectan claramente con Acero de Madrid, tanto en intención como en estilo, muchas veces usando las mismas imágenes y el mismo lirismo, como muestra de su deseo de poner su literatura al servicio de las ideas que pretendía defender, de su arenga política, de su motivación para las tropas.
Tal es así, que fue considerado poeta por sus contemporáneos. Mantuvo relación con los poetas más relevantes de la época, como Rafael Alberti y Miguel Hernández, Blas de Otero o María Zambrano.

ENTRA EN MADRID

Entra en Madrid, faccioso que has vendido
al pueblo que hace siglos te alimenta;
ven y busca tu círculo y tu renta,
que es solo lo que aquí se te ha perdido.

Sueño fatal a párpado encendido
tuviste en julio, nube de tormenta,
delirio opaco, fantasía cruenta,
a noche negra, dientes y crujido.

Entra y escucha, observa y enloquece,
Madrid perfecto, en pie sobre Castilla;
mira cómo resiste y cómo crece.

Su vista daña; tu soberbia humilla.
¡Entra, traidor, y tapa contra el suelo
tu cara verde de vergüenza y duelo!

(Romancero de la defensa de Madrid)

Pero su producción poética continuó tras la guerra, en su exilio, primero en México y después en Ginebra. Sus obras poéticas más relevantes fueron las siguientes:

Romancero de la guerra española, ed. Panorama, Santiago de Chile, 1937.
Guerra viva. Romances, Ediciones Españolas, Madrid, 1938.
Romancero general de la Guerra Civil española, Imprenta López, Buenos Aires, 1944.
Rimado de Madrid. Primera parte, FOARE, México, 1946.
Arbre sans terre / Árbol sin tierra, GLM, París, 1950.
Cendres / Cenizas, Pajouvertes, Ginebra, 1975.

Destaca en su época en el exilio poemas tan emotivos como la elegía a su padre, Emilio Herrera que fue presidente de la II República en el exilio, y que tantos años después del conflicto todavía demostraba en su poesía la herida abierta del exilio.

A MI PADRE MUERTO EN DESTIERRO

Yo he tenido un Padre Honrado
se llamaba Emilio Herrera
que yace junto a mi casa,
en exilio, bajo tierra.

Las luces y ase retiran
fuegos fatuos, un miesterio
alba del amanecer
resucitará a los muertos.

«Padre mío, padre mío
¿por qué me has abandonado?»
Ya no tienes ojos verdes,
¡ya no hay tu ciencia en tus labios!

Pero tu Dios es clemente
y tiene mirada blanca
y a través de las estrellas
admira tu alma clara.

Tu inteligencia palpita,
aún, en el cementerio,
diciendo: aquí yace un sabio
que peleó junto al pueblo.

Podríamos terminar definiendo a José Herrera Petere, pero cederemos las palabras que concluyan esta entrada a María Zambrano, pues ella sintetizó magistralmente lo que significó la figura poética de Petere:

«Era poeta y poema él mismo […] estaba hecho de sustancia poética, su ser se le derramaba en vida […]. En Petere esta poética acción resplandecía siempre en todo momento en que se le viera en diversas tierras y entre diversas gentes, su presencia era como una aparición, llevando el cuerpo del alba entre sus brazos […]. Tenía Petere esa fuerza de dar a sentir con solo su presencia».

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