Marcos Ana, un ejemplo para las generaciones venideras

Cuando comenzamos el proceso editorial de Acero de Madrid nos propusimos aunar en un mismo prólogo a dos generaciones de militantes antifascistas que pudieran trazar una línea continua entre lo que fueron las luchas de la primera mitad del siglo XX, en las que se inserta nuestro libro, y la actualidad en la que vivimos. Por este motivo quisimos que nuestro prólogo estuviera escrito por Marcos Ana y Alberto Garzón.

No llegamos a tiempo. El poeta falleció el 24 de octubre de 2016 a los 96 años de edad, y lo sentimos con el mismo dolor de cuando se va alguien cercano.

marcosana

Como poeta, al igual que Petere, su visión nos podría haber acercado a nuestro autor, a esos poetas que, comprometidos con sus principios políticos, centraron la mayor parte de su producción literaria a la defensa de los principios republicanos.

Durante los primeros meses de la guerra, durante el periodo que nos relata Petere en Acero de Madrid, Marcos Ana se alistó al batallón de milicias «Libertad» de las Juventudes Socialistas Unificadas, conteniendo el golpe en la sierra madrileña. Al crearse en noviembre de 1936 el Ejército Popular fue obligado a abandonar el frente, puesto que no había ni siquiera cumplido la mayoría de edad. Su compromiso en la defensa de la República fue férreo, reincorporándose al año siguiente cuando ya tenía la edad mínima necesaria.

En abril de 1939, cuando la guerra llegaba a su fin, fue detenido y posteriormente condenado a muerte hasta en dos ocasiones. Penas que no llegaron a ejecutarse, al haberse cometido los supuestos delitos de los que la dictadura le acusaba cuando todavía era menor de edad. No obstante, se le impuso una condena de reclusión de sesenta años.

No será hasta 1961, gracias a la recién creada Amnistía Internacional, cuando el poeta recupere la libertad, tras 23 años preso. Fue el preso franquista que más tiempo estuvo entre rejas. Entró con apenas la mayoría de edad cumplida y salió en 1961 en una España que no reconocía y a la que todavía le quedaban 16 largos años para que se celebraran las primeras elecciones tras la últimas que ganó el Frente Popular en 1936. En cuanto pudo se exilió a Francia, dando inicio a una importante labor internacional de denuncia contra la dictadura y por la libertad de los presos políticos.

Con una prolífica actividad cultural en el interior de la cárcel, incluso con representaciones teatrales clandestinas, Marcos Ana comenzó a escribir poesía estando preso. Por este motivo utilizó el pseudónimo de los nombres de sus padres, «Marcos» y «Ana». La extrema audacia y un importante aparato logístico hicieron posible que sus poemas salieran de la cárcel y se publicaran en el extranjero. El régimen franquista no supo quién era realmente Marcos Ana hasta que llegó a París y se le recibió con un homenaje en la UNESCO.

«Curiosamente, unos días después de que el aparato clandestino me sacara de España, según le contó el inspector a mi hermano, los policías fueron llamados para un informe rutinario sobre mis actividades y dijeron que yo seguía haciendo una vida completamente normal.
—Sí, tan normal —les interrumpió el inspector— que anoche ha hablado por Radio París desde la capital francesa. Y además es Marcos Ana»[1].

Decidme cómo es un árbol es el título de unos de esos poemas que escribió en la cárcel y también el de su autobiografía, que desde aquí invitamos a leer. Decidme cómo es un árbol, puesto que tras más de dos décadas preso había perdido la noción de las cosas.

Pero los años de cautiverio no truncaron su vida y con la libertad recuperó las fuerzas para luchar por los mismos principios por lo que había caído preso. En sus últimos años de vida fueron múltiples los apoyos que mostró hacia esa juventud rebelde que llenó las plazas.

Que sirva de homenaje esta entrada a una persona que a algunos nos ha marcado nuestro compromiso ideológico y moral. Tras su muerte, fueron múltiples los obituarios que le rindieron homenaje, entre ellos, el escritor Isaac Rosas nos proponía no olvidar quién es Marcos Ana para así podérselo contar a nuestros hijos. Así lo haremos.

garzon

[1] Marcos Ana, Decidme cómo es un árbol, Memoria de la prisión y la vida, Umbriel, 2007, p. 39

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Un comentario en “Marcos Ana, un ejemplo para las generaciones venideras

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