Republicanas encarceladas: muertas en vida

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Uno de los elementos distintivos de la defensa republicana en la Guerra Civil española fue la incorporación de mujeres dentro de las milicias: la presencia de la mujer durante la Segunda República comenzaba ya a eliminar la tradicional discriminación a la que las mujeres se enfrentaban, pero fue con la llegada de la guerra cuando se creó un nuevo escenario donde la mujer alcanzó una mayor libertad. Hay un creciente protagonismo femenino en política (como la Pasionaria) y asociaciones como la Agrupación de Mujeres Antifascista o Mujeres Libres, y es entonces cuando surge la figura de la miliciana, mujeres que se alistan para combatir codo con codo con los hombres, unidos frente al enemigo común.

Se empieza a reconocer, cada vez más, la importancia de la figura de la mujer, de su lucha en la Guerra Civil… y la suerte que corrieron con la llegada del franquismo: la represión no fue menor para ellas que para los hombres. Esta represión ha tardado más en ser reconocida tal vez por la ausencia, escasez o dificultad para acceder a las fuentes; y el que las mujeres no tuvieran tanto protagonismo político como los hombres las colocó en un plano secundario, definitivamente no ayudando a su reconocimiento. Sin embargo, ellas también fueron encarceladas, torturadas y penadas a muerte (del total de los 3309 expedientes de condena a muerte únicamente en Madrid 287 de ellos eran de mujeres, si no más): es sabido que muchas de esas mujeres no solo fueron perseguidas en pos de su ideología y/o participación en la guerra sino en sustitución al varón, al padre, al esposo, algo que explica el por qué tantas madres, esposas, hijas… de hombres republicanos había en las cárceles de mujeres. De este modo también desde el nuevo poder dominante se dejaba claro que las mujeres eran «inferiores», «posesiones»: incapaces de decidir o actuar por sí mismas.

La sublevación militar y su éxito posterior implicó, entre otros, un restablecimiento del orden patriarcal, de las relaciones de género y del modelo de feminidad tradicional; y la represión adquirió también características específicas de género, especialmente la dirigida a las vencidas encarceladas.  En esas prisiones no se garantizaba en absoluto los derechos humanos básicos, y la tortura estaba institucionalizada. La represión apelaba a su condición femenina: a la indefensión, el hambre, el miedo y el hacinamiento, a las condiciones infrahumanas de su reclusión, se le sumaba el añadido del rapado de pelo, la ingesta obligada de aceite de ricino, el abuso físico y verbal, la denigración moral, la tortura sexual por violaciones y sodomizaciones… por parte de las autoridades militares, policiales y falangistas. El estereotipo de miliciana, el uso del adjetivo «roja», se utilizó como  prueba de culpabilidad, como sinónimo de depravación, de «puta», de inmoral, y así el escarnio público hacia ellas se convirtió en algo mucho más sencillo: cuando se las sacaba de las cárceles para enfrentarlas a sus consejos de guerra, se convertían en un espectáculo juzgable y criticable para la población.

Las cárceles de mujeres, además, poseían algunos elementos que las demás prisiones no tenían: en primer lugar, eran usadas también como un elemento «reeducador» de las «pecadoras», por lo que las mujeres eran obligadas a formar parte de los talleres enfocados a las tareas domésticas valoradas tradicionalmente como los «valores de la feminidad». En segundo lugar, la presencia de niños. En las prisiones para mujeres los hijos de las condenadas eran víctimas, al igual que sus madres, de la represión. Si esos niños no morían dentro de las cárceles, tras un tiempo eran separados de sus madres y llevados, bajo la tutela del estado, a escuelas religiosas, reeducados y dados en adopción a familias franquistas.

La muerte, la tortura, el miedo… eran la orden del día en estas cárceles. La opresión, aprovechando su categoría de género, fue estricta e inmisericorde.

El vencedor fue implacable: la cárcel fue para muchas la antesala de la muerte.

BIBLIOGRAFÍA

ALCALDE, Carmen (1976). La mujer en la guerra civil española. Madrid. Ediciones

Cambio 16.

EGIDO LEÓN, Ángeles. (2011). «Mujeres y rojas: la condición femenina como fundamento del sistema represor». Studia Histórica, Historia Contemporánea, nº 29, pp. 19-34.

GARCÍA BLANCO-CICERÓN, Jacobo (1985). «Las trece rosas», en Historia 16,

nº 106, pp. 11-29.

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