La guerra y la poesía (II): Rafael Alberti

Era el año de 1808 y España estaba en guerra. Francisco de Goya captó el horror en el que se movió el país durante aquellos seis años, durante los cuales no había vencedores ni vencidos, solo muertos. Contemplar las pinturas de Goya bastaría para aplacar cualquier sed guerra, pero los que la empezaron 128 años después no estaban interesados en ningún tipo de manifestación artística: esas eran las armas con las que luchaban los contrarios. Y así fue.

alberti

Rafael Alberti (izquierda), Manuel Altolaguirra (derecha) y José Bergamín (abajo) durante la guerra

Guerra a la guerra por la guerra, arengaba amargamente Rafael Alberti, presidente de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, en un soneto. Condenaba a la guerra, por eso había que combatirla con sus propios medios, por eso los intelectuales, los artistas, los poetas fueron a la guerra, por eso allí lucharon Miguel Hernández, Pedro Garfias o José Herrera Petere. Una vez más el arte, la poesía, retratando el horror: testigo de un presente oscuro, con un fin disuasorio hacia el mañana.

Guerra a la guerra por la guerra. Vente.

Vuelve la espalda. El mar. Abre la boca.

Contra una  mina una sirena choca

y un arcángel se hunde, indiferente.

Tiempo de fuego. Adiós. Urgentemente.

Cierra los ojos. Es el monte. Toca.

Saltan las cumbres salpicando roca

y un arcángel se hunde, indiferente.

¿Dinamita a la luna también? Vamos.

Muerte a la muerte por la muerte: guerra.

En verdad, piensa el toro, el mundo es bello

encendidos están, amor, los ramos.

Abre la boca. (El mar. El monte.) Cierra

los ojos y desátate el cabello.

Rafael Alberti

Muerte a la muerte por la muerte: guerra, sigue denunciando Alberti, junto a otros poetas que aun lamentando la situación bélica, sabían que debían tomar partido por sus ideales, y defender sus valores.

Quizá solo el arte pueda recordarnos estos horrores, con Los desastres de la guerra, con Guerra a la guerra por la guerra o con Acero de Madrid, de José Herrera Petere.

HACE FALTA ESTAR CIEGO…

Hace falta estar ciego,

tener como metidas en los ojos raspaduras de vidrio,

cal viva,

arena hirviendo,

para no ver la luz que salta en nuestros actos,

que ilumina por dentro nuestra lengua,

nuestra diaria palabra.

Hace falta querer morir sin estela de gloria y alegría,

sin participación de los himnos futuros,

sin recuerdo en los hombres que juzguen el pasado sombrío de la tierra.

Hace falta querer ya en vida ser pasado,

obstáculo sangriento,

cosa muerta,

seco olvido.

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4 comentarios en “La guerra y la poesía (II): Rafael Alberti

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