Suya mi guerra

«Fue en España donde los hombres aprendieron que es posible tener razón y, aun así, sufrir la derrota; que la fuerza puede vencer al espíritu, y que hay momentos en que el coraje no tiene recompensa. Esto es, sin duda, lo que explica por qué tantos hombres en el mundo consideran el drama español como una tragedia personal».

Esta frase de Albert Camus, citada por el historiador Paul Preston[1], nos ejemplifica la conmoción que suscitó la Guerra Civil española a nivel internacional. Un impacto que, como señala Preston, todavía se mantiene en la actualidad, incluso por encima de otras contiendas armadas sucedidas con posterioridad.

El periodo histórico que recoge Acero de Madrid data desde febrero de 1936, tras el triunfo en las urnas del Frente Popular, hasta noviembre de ese mismo año, cuando las milicias populares se trasformaron en el Ejército Popular Regular, momento coincidente con el traslado del Gobierno de la República a Valencia. Entremedias, el golpe de Estado del 18 de julio. Diez meses claves que nos explican aquella percepción de Camus sobre el alcance internacional que adquirió la Guerra Civil española. En el prólogo que realiza a nuestra edición el diputado Alberto Garzón, se deja constancia de cómo la defensa de la República marcó las posiciones políticas de miles de personas, incluyendo, por supuesto, su propio compromiso político.

Durante ese periodo se produjo el triunfo democrático de la coalición de fuerzas de izquierdas que profundizaba el carácter transformador que adquirió la II República. La experiencia del Frente Popular duró poco. Cinco meses después, una parte del Ejército se sublevó, dando un golpe de Estado que, dado su fracaso, desembocó en una guerra. Una contienda bélica entre las fuerzas militares, políticas y sociales que defendieron la legalidad democrática y aquellas que se sublevaron contra la misma, sumándose a la insurrección militar. Desde el inicio, los sublevados recibieron el apoyo político y militar de la Italia fascista de Mussolini y la Alemania nazi de Hitler. De hecho, en Acero de Madrid, Petere nos narra cómo se vivieron los primeros bombardeos que la aviación nazi realizó sobre la ciudad. Tan solo había pasado un mes del inicio de la guerra y ya en agosto de 1936 los Junkers alemanes eran partícipes activos de la contienda. Fue en Madrid, como se nos relata en la novela, donde por primera vez en la historia de Europa, la aviación bombardeó a la población civil de la ciudad. Las imágenes de época de aquellos bombardeos nos demuestran la crudeza y sufrimiento que vivió el pueblo madrileño.

Bombardeos que fueron selectivos, dado que hubo barrios, como el de Salamanca, que no los sufrieron, al considerar Franco que ahí residían sectores afines al bando sublevado. En cambio, barrios más populares, o el mismo centro de la ciudad, fueron objetivos indiscriminados de la aviación sublevada. El metro, como señalábamos en la entrada anterior, se convirtió entonces en refugio común para escapar de aquel horror. Sobre aquellos bombarderos que destrozaron su casa del barrio de Argüelles, Pablo Neruda dejará constancia, en forma de poema.

No será hasta mediados de octubre cuando la República, asediada, acepte la ayuda soviética ante la impasividad de los gobiernos europeos. Los Chatos, aviones soviéticos muy presentes en nuestra novela, fueron claves para contener la embestida sobre Madrid.
En ese proceso por el que miles de personas de todo el mundo comprendieron que la defensa de la República suponía también la defensa de la libertad contra el fascismo, Madrid se convirtió en un de sus principales referentes.La creación de las Brigadas Internacionales probablemente suponga uno de los casos de solidaridad internacional voluntarista más importantes de la historia. Sobre este tema hay casos paradigmáticos, como aquellos alemanes e italianos que derrotados y represaliados en sus respectivos países, no dudaron en venir a España para defender al pueblo español. Muchos de ellos murieron en su intento por defender la República, como el caso del militante antifascista italiano Guido Lazzaro Paolo, que se integró en el Batallón de Acero siendo uno de los personajes de nuestro libro.

El apoyo soviético y la creación del Ejército Popular dieron nuevas esperanzas al bando republicano. Así termina nuestro libro, con un grito de esperanza que finalmente fue truncado con la derrota final. El asedio en Madrid duró 28 meses. Ese periodo entre noviembre de 1936 y el final de la guerra, es cubierto con brillantez por el historiador Alejandro Pérez-Olivares que, en forma de apéndice, realiza un balance de lo que supuso la guerra en una ciudad moderna como lo era aquel Madrid de la década de los treinta.

[1] PRESTON, Paul “La guerra civil española” en CASANOVA, Julián y PRESTON, Paul, La guerra civil española, Editorial Pablo Iglesias, Madrid, 2008, pp. 11-12.
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4 comentarios en “Suya mi guerra

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